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El frío, aliado para evitar una plaga que desde hace casi 75 años no llega a Uruguay

¿Por qué la langosta sudamericana vuelve a crear problemas en la región? Hablamos con la entomóloga Estrellita Lorier sobre la amenaza de esta plaga.

Una plaga de langostas que se desplaza por diferentes provincias del norte de Argentina se aproxima a Uruguay y Brasil. La manga formada por cientos de miles de ejemplares de la langosta sudamericana (Chistocerca cancellata) se encontraba ayer a unos 150 kilómetros de la frontera con Uruguay.

El ministro de Ganadería, Carlos María Uriarte, dijo en conferencia el martes que la posibilidad de que llegue a Uruguay existe, pero que lo veía poco probable debido al frío y los pronósticos de vientos.

La presencia de la Chistocerca cancellata no es nueva y efectivamente ha sabido ocasionar grandes daños a la producción nacional, ya que se alimenta de todo el material vegetal que encuentra.

Estrellita Lorier, entomóloga de la Facultad de Ciencias, dijo a Montevideo Portal que esta langosta es nativa también de Uruguay pero que en nuestro país se encuentra en muy baja densidad. Para comprender qué significa su presencia hay que detallar las características de esta especie.

La langosta sudamericana es una especie migratoria que tiene una fase solitaria y otra gregaria. Cuando está en la segunda fase, su distribución abarca Chile, sur de Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay. En la fase solitaria puede hallarse en un área más restringida: norte de Argentina, sur de Bolivia, Paraguay, norte de Uruguay y sur de Brasil.

¿Quién está en primera fase?

Lo más importante en este caso es el área de origen de la especie, que es donde se producen las explosiones demográficas que causan tantos problemas. Se trata de la zona noroeste de Argentina, en especial en las provincias de Catamarca y La Rioja, además de San Juan y Córdoba.

En la fase solitaria, estas langostas tienen otra coloración y fisiología, comportándose como una langosta común. El cambio se genera cuando se modifican ciertas condiciones del entorno. Su zona de origen es un área semidesértica, pero cuando en esos lugares llueve más de lo habitual en estaciones sucesivas -por ejemplo invierno, primavera, y verano- y la temperatura se mantiene relativamente alta, esta langosta puede producir tres generaciones sucesivas en una sola estación de cría.

Eso hace que aumente muchísimo la densidad de nacimientos y se dispare la población, favorecida también por la vegetación que rebrota gracias a la lluvia. Cuando llegan a ser miles de individuos y el alimento escasea, las langostas comienzan a desplazarse.

Al principio lo hacen en su estado juvenil (ninfas), cuando no tienen las alas desarrolladas, pero a medida que se suceden los estadios de su evolución, el consumo y su capacidad de traslado son mayores. Cuando llegan al estado adulto y desarrollan las alas, ya en gran número, las langostas pasan a la fase gregaria: tienden a estar juntas, comienzan a reunirse y se mueven en mangas.

Cuando emprenden el vuelo, la situación realmente se hace más compleja, porque alcanzan grandes distancias en muy poco tiempo, pudiendo recorrer hasta 140 km en un día y devorando todo lo que encuentran a su paso.

Lorier explicó que esta langosta tiene categoría A como plaga, debido al daño mayor que produce en muchos cultivos. «En Argentina fue durante años la principal plaga», acotó la especialista. Comen todo lo que encuentran, generando daños especialmente en el trigo, maíz, centeno, sorgo, lino, cebada, tomate, papa, alfalfa, caña de azúcar, además de árboles frutales y pasturas.

En fase gregaria llegan a consumir el 100% de su masa corporal por día. En un kilómetro cuadrado de enjambre puede haber de miles a millones de individuos, que consumirán decenas de toneladas de material vegetal fresco a diario.

P U B L I C I D A D

Estas explosiones demográficas no se producen regularmente, no tienen un patrón definido. En Uruguay, sin embargo, las hemos sufrido, Ocurrió así en 1890-1891 y 1892-1893. Luego hubo un intervalo hasta 1906, año en que se produjo otra explosión. La última ocurrió en 1946-1947 y desde entonces no hemos tenido problemas.

Argentina, aunque lidia con este inconnveiente con más frecuencia, logró controlarlo al menos hasta los últimos años. «A Uruguay dejaron de llegar desde que Argentina empezó a controlarlas, ya que solo se pueden tomar medidas en el lugar de origen de la especie», manifestó la entomóloga.

En el año 1946, cuando nos visitó por última vez en gran número, se hizo un congreso internacional para trabajar conjuntamente entre varios países. Se determinaron allí las zonas de nacimiento y Argentina implementó un sistema de control para evitar las explosiones demográficas.

En esa campaña, en Argentina, se usaron 12.000 toneladas de insecticidas hoy prohibidos, con el daño ambiental y para la salud que representan. «Con los ojos de hoy, eso fue un desastre», apuntó Lorier.

Pero el plan de Argentina, que monitoreaba y controlaba las poblaciones, con un sistema de vigilancia y alerta de agrónomos y pobladores, permitió reducir estas explosiones. Al menos hasta 2015, cuando se generó un nuevo episodio. El motivo por el que después de tantos años se están produciendo rebrotes todavía no es claro y está bajo estudio.

Lorier también consideró que los cambios culturales en los usos de la tierra pueden afectar la dinámica de estas poblaciones. «Tener disponible tanta cantidad de alimento hace que se pueda producir un cambio en el comportamiento de estas poblaciones», comentó.

Cierren las fronteras

Si llega o no llega a Uruguay depende de varios factores. «Viene de norte a sur, pero la manga puede hacer cambios», dijo la especialista.

Depende también de condiciones climáticas y la dirección del viento, lo que no significa tampoco que sean un impedimento insalvable para la llegada de estas experimentadas voladoras.

Con condiciones adecuadas, podrían llegar a Uruguay en un solo día, pero el país tiene un aliado en estos días: el frío.

Lorier explicó que vuelan grandes distancias con cierta temperatura, no menor a 20 grados. Por encima de esta temperatura mantienen el vuelo y cuando esta desciende, deciden estacionarse, comiendo lo que encuentran en el lugar en el que se hallen.

Si llegan, además, el frío puede evitar que se desplacen mucho en el país. En los años en que arribaron a Uruguay produjeron daños también en la época invernal, pero debido al frío realizaban vuelos cortos, generando perjuicios en zonas restringidas, principalmente Salto o Paysandú, sin pasar al sur.

En Uruguay hemos tenido problemas recientes por plagas de langostas, pero de otras especies. Ocurrió por ejemplo en 2009, lo que llevó a que se realizara un monitoreo con participación del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Facultad de Ciencias (con presencia de Lorier). El objetivo era que se pudieran determinar las posibilidades de que produjera una explosión demográfica, porque una vez que esto ocurre el control es casi imposible.



Como el problema no se repitió desde entonces en forma grave, el monitoreo dejó de hacerse, al no contar con más financiación.

«Muchas veces se recurre al conocimiento y la investigación en el momento del problema, pero generar esa información requiere años de dedicación», reflexionó Lorier.

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