Juanita Fernández participará de los homenajes a Joseph Beuys

La artista maragata fue invitada por el prestigioso Goethe-Institut, » tuve que sumergirme en la vida y la obra de Beuys «.

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La emergencia de una nutrida trama de movimientos, lenguajes y estéticas de vanguardia en la primera mitad del siglo veinte sacudió cimientos y estructuras en las prácticas y conceptos fundantes del arte.

En casi todas sus disciplinas -música, plástica, cine, fotografía, teatro-, estos planteos innovadores revolvieron las certezas y forzaron los límites. Creación, estética, sociedad y política se cruzaron en tensas discusiones, acaloradas defensas y detracciones. La academia y el mercado se esmeraron en sus intentos de disciplinarlas, subsumiendo estas discusiones y proyectos creativos en esnobismos y extrañamientos pintorescos de “gente rara”. Y en algunos casos lo lograron. Lo “raro” y lo esnob se volvieron artefactos codiciados en muchas de las escenas del llamado arte contemporáneo.

No obstante, algunos de aquellos impulsos artísticos innovadores le ganaron la pulseada al disciplinamiento y legaron ideas, discusiones, estéticas, técnicas, que mantienen encendida la atención sobre las fronteras del arte y sus correlaciones con otros campos de producción simbólica contemporáneas. Alcanzaría con citar dos nombres, como los del estadounidense John Cage (1912-1992) y el alemán Joseph Beuys (1921-1986), para comprender, aunque sea intuitivamente, las dinámicas de transformación en múltiples campos del arte contemporáneo. Ambos cuestionaron, con planteos algo disímiles, claro, el congelamiento del concepto de obra y de artista. Forzaron sus alcances y los convirtieron en territorios de agitadas controversias, los sacaron de la institución museística tradicional y los abrieron a la “contaminación” de lo social y lo político.

En el caso de Joseph Beuys, sus acciones, sus ideas, sus apariciones públicas -siempre con su distintivo sombrero- adquirieron este año un especial significado al cumplirse cien años de su nacimiento, ya que especialmente en su país natal, Alemania, se realizaron -y se siguen realizando- diversos homenajes y se han abierto foros de discusión y creación.

En este marco, el prestigioso Goethe-Institut lanzó a nivel mundial el ambicioso programa Beuys2021: 100 años de Joseph Beuys. Para este proyecto, cuyos detalles pueden verse y escucharse en el sitio web https://beuys2021, se convocó a teóricos, curadores, artistas “para realizar numerosas exposiciones, acciones, performances, conciertos, lecturas y seminarios en todo el mundo, los cuales abordan desde diferentes perspectivas las diversas facetas del legado de este artista”, como informó la sede uruguaya del Goethe-Institut. “Dentro de este programa encontramos el proyecto Beuysradio para el que se invitó a artistas de todo el mundo a crear y reflexionar con total libertad a través de piezas de radio arte conformando numerosos capítulos de podcast”.

Es aquí, en este capítulo del programa internacional, que este instituto convocó a la percusionista, compositora, cantante y artista sonora uruguaya Juanita Fernández para participar con una obra propia. La experiencia, relató Fernández, fue movilizadora y un desafío creativo por la profundidad y proyección de las ideas que atraviesan la obra de Beuys.

Dos cruces

“Esta invitación -explicó Juanita Fernández- es parte de una relación artística y profesional con el Instituto Goethe que ya tiene muchos años. Y para mí, como te conté, fue todo un desafío y me cambió mucho, por un lado por el peso que tiene la obra de Beuys, y porque fue mi primera incursión en el campo del radio arte”.

Tras concretarse la invitación, “tuve que sumergirme en la vida y la obra de Beuys, las que conocí hace unos años a través del artista Pablo Uribe. Así llegué, luego de un intenso proceso de búsqueda y experimentación, a esta obra que titulé 2 crosses”.

Uno de los aspectos que más le atrajo fue el vínculo del creador alemán con la grasa y el fieltro. Estos elementos, que atraviesan sus obras como generadores de ideas y como estructuradores formales, provienen de la historia personal de Beuys. En marzo de 1944, cuando era piloto de la Luftwaffe, durante la Segunda Guerra Mundial, su avión se estrelló cerca de una aldea de Crimea. Según el relato del artista, un grupo de tártaros nómadas lo rescataron, lo envolvieron con fieltro y grasa, lo que evitó su muerte por congelamiento. “Son como los signos del resurgimiento, una vuelta de la muerte. Él emerge con una visión mucho más amplia, abarcativa, del concepto artístico”, comentó Fernández.

Otras ideas de Beuys que la movilizaron en el proceso de investigación fue “la de que cualquier persona puede ser una artista y su forma de observar las acumulaciones sociales o los eventos de multitudes como esculturas. También me estimuló mucho su vínculo con los animales. En esto hay algo muy fuerte: Beuys consideraba que los animales lo salvaron, ya que la grasa y el fieltro vienen de ellos”.

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Con estas ideas y elementos, “me animé a redoblar la jugada y me pregunté: ¿por qué no hay esculturas de especies?, ¿por qué seguimos con la idea de que la especie humana es superior, hegemónica? En esto me impactó la acción Me gusta América y a América le gusto yo, de 1974, en la que Beuys convivió durante tres días con un coyote rodeado de materiales como papel de diario -de diarios estadounidenses-, fieltro y paja. Eso fue tremendo y muy discutido, pero él y el coyote se acostumbraron a estar juntos, a convivir”.

La obra 2 crosses tiene una primera sección con un texto conceptual que se escucha en la primera parte del podcast y luego, en la segunda sección, se escucha la creación sonora de doce minutos. “El material de la obra se estructura a través de cuatro ejes centrales y una macro estructura elaborada con base al movilizador concepto de ‘cruz partida’ de Beuys. Este objeto lo generé a partir de proyectar y superponer la Cruz del Sur y la Cruz del Norte. Las cruces estelares, que se oponen y generan un campo de tensión, generan una nueva forma que grafica el comportamiento de los sonidos, las texturas y timbres que se oponen y ordenan el planteo formal. Ahí se escuchan grabaciones de caceroleos en protesta con las medidas, o las no-medidas, del gobierno uruguayo frente a la pandemia, los helicópteros que diariamente sobrevolaban la ciudad, grabaciones de campo del monte uruguayo y del Aguará Guazú, uno de los animales que devino objeto estético del trabajo, como el coyote en Me gusta América y a América le gusto yo”.

Con estos materiales sonoros, la obra funciona como un territorio para el cruce de tensiones físicas y conceptuales, lo que dispara, en concordancia con las ideas de Beuys, el carácter crítico que tiene -o debería tener- el arte en tanto dispositivo político que genera una fisura en los sistemas hegemónicos, en un estado de cosas paralizado y a la vez opresivo.

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Fuente: CarasyCaretas

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